Dia de San Juan.

Politemas de Portillo.
Por: Alfonso Portillo Vargas.
Es una tradición en Tierra Caliente, particularmente en Pungarabato, hoy Ciudad Altamirano, Festejar en la Catedral al Fraile San Juan Bautista Moya, y también es inveterada costumbre, ir cada 24 de junio a las faldas del Cerro San Juan, todos en familia, vestidos de color rojo, llevar atole de pinole con pan de cuernito, o teleras, quebrar huevos en la cabeza a amigos y familiares. Huevos rellenos de arroz, confeti, o harina, y adornados con múltiples colores con un cono como corolario. La gente organiza tardeadas, concursos, y van muchos a comer barbacoa, carnes asadas, o empanerados (sanchuichis”) -como dice la tia Eufrosina-, lo importante es estar todos en familia…aunque muchos regresan como los “tanates” del cuche”…¡Hasta atrás¡ O séase, bien borrachotes…que también es una costumbre. Es una fecha muy en especial. Déjeme y le cuento, algo del famoso religioso y alguna de sus anécdotas.
Durante la gesta evangelizadora de México (mal llamada conquista espiritual) brillaron por su celo y sus virtudes numerosos misioneros de diversas órdenes religiosas venidos de España, la mayoría extremeños y andaluces, que no dudaron en gastar sus vidas por el evangelio llegando muchos de ellos al martirio.
En lo que hoy es el estado de Guerrero y Michoacán, en el centro occidente de la República Mexicana fueron las órdenes franciscana y agustina las que desarrollaron una vasta acción evangelizadora.
Uno de estos grandes misioneros fue el presbítero agustino Juan Bautista Moya y Valenzuela a quien se le atribuyen varios milagros en la región de la Tierra Caliente.
Cuenta la historia que en Pungarabato (hoy Ciudad Altamirano) enterró su báculo dentro del atrio de la iglesia, donde más tarde se construiría en ese mismo sitio la Cruz de Mayo, prometiendo que nunca se inundaría la población, dado al riesgo que representan las crecientes de los ríos Balsas y Cutzamala en tiempo de lluvias.
En Coyuca, mientras se celebraba una misa, Bautista Moya dejó su báculo junto a la entrada del templo e hizo enraizar una gran Parota, la cual fructificó y permaneció junto al templo por mucho tiempo. En esa misma población, cruzaría las crecidas aguas del río Balsas sobre un caimán hacia el otro lado donde realizaría una extremaunción.
Eventos similares tuvieron lugar en poblaciones como Zirándaro, Cuitzeo, Huetamo, Ajuchitlán, Totolapan y en algunas localidades del actual municipio de La Huacana en Michoacán.
Fray Juan nació en Jaén, seguramente un 24 de junio, de 1504. Era hijo de Jorge Moya y Tomasa Valenzuela, desde muy pequeño demostró su inteligencia y capacidad para aprender y memorizar diferentes idiomas.
Fue contemporáneo de grandes santos como Santa Teresa, ¿San Pedro de Alcántara y Santo Tomás de Villanueva? éste último jugó un papel crucial en su vocación misionera como veremos más adelante.
Su fecundo ministerio sacerdotal comprendió la fundación de templos y conventos en Tlapa, Chilapa (hoy diócesis de Tlapa-Chilapa en Guerrero), Huetamo y Carácuaro en Michoacán (Diócesis de Tacámbaro).
En 1553 se le designó prior del convento de Tacámbaro, ¿cuya jurisdicción comprendía todo el sur y parte del poniente de Michoacán y Guerrero? puso la cabecera misional en Pungarabato (hoy Ciudad Altamirano) y retomó su gran obra de evangelización y fundación de pueblos.
Su biógrafo Basalenque lo describe “delgado en extremo, mal vestido y peor alimentado iba por los ásperos caminos de la región” fundó los pueblos de Tlapehuala, Coyuca, Zirándaro y Tuzantla. Se cuenta que en Tuzantla una ocasión fue invitado a comer por el encomendero del lugar y éste le ofreció las pobres tortillas que eran su alimento. Al tomarlas el Padre Moya en las manos las oprimió y salió sangre de ellas, exclamando el misionero: “estas tortillas están hechas con los sufrimientos de los indios pobres”.
Siempre dedicado a sus fundaciones, continuó con Cuitzio y Ajuchitlán, con lo que logró unir las misiones establecidas en Michoacán con las de Tlapa y Chilapa. Fundó Purungueo y Turicato, y en Carácuaro dejó la imagen de pasta de caña de un Cristo moreno, el Señor de Carácuaro, muy venerado hasta la fecha en todo el territorio Michoacano y las diócesis de Apatzingán y Tacámbaro.
El libro "Crónicas de Tierra Caliente" del Ing. Alfredo Mundo Fernández dice que de acuerdo a Fray Matías de Escobar y Llamas en su "Americana Thebaida" de 1729, fray Juan Bautista Moya llega a establecerse en Pungarabato que toma como su centro misional; baja a la gente de los cerros para establecerse en donde hoy es la plaza principal. Construye una muy buena iglesia y convento, dice la citada obra, y hasta una escuela de música, y visita a Tlapehuala, Tanganhuato y Coyuca; Bautista Moya, dice "Crónicas de Tierra Caliente", de manera cronológica construye iglesias y conventos en Tuzantla, Cutzamala y Ajuchitlán. La iglesia de Pungarabato se incendia en tres ocasiones y el convento desaparece, continúa diciendo, y en Coyuca los temblores destruyen su iglesia, y el día de hoy sólo permanece conservado en un gran porcentaje la iglesia y el convento de Cutzamala, en los cuales se puede admirar la belleza de su arquitectura Plateresca y su construcción tipo castillo feudal que los agustinos construyeron en México solamente entre 1540 y 1570. Finaliza el Ing. Mundo diciendo que después de Tuzantla Bautista Moya construye iglesia y conventos en Nocupétaro, Turicato, Cutzio (cerca de Huetamo), Zirándaro, Huacana y Purungueo. Entre sus actividades fue la inculcarles la religión católica a los pobladores de la región haciendo a un lado las prácticas de idolatría. Establecer a pobladores dispersos en lugares más adecuados para vivir; A su vez, levantó edificios que serían templos e iglesias y construcciones que albergarían a hospitales y escuelas.
En Pungarabato enterró su báculo dentro del atrio de la iglesia, donde más tarde se construiría en ese mismo sitio la Cruz de Mayo, prometiendo que nunca se inundaría la población, dado al riesgo que representan las crecientes de los ríos Balsas y Cutzamala en tiempo de lluvias. Actualmente el Templo es Catedral de la diócesis de Altamirano y en su atrio se encuentra la Cruz de Mayo donde se mantiene sepultado el báculo de Juan Bautista Moya.
Permaneció en Pungarabato y muy desmejorado se le llamó a Valladolid (Morelia) y era tan mala su salud que tan acostumbrado él a hacer larguísimos viajes a pie, tuvo que ser llevado cargado y en mula.
Falleció en el convento agustino de Morelia el 20 de diciembre de 1567 y con fama de santidad pues el día del entierro el Templo de San Agustín estaba atestado de fieles y tuvieron que enterrarlo de prisa pues el gentío se abalanzaba a cortar pedazos de su hábito y aún de su ataúd.
Sobre su tumba en San Agustín se lee este epitafio: Qui nomen mores que tuos, praecursor Iesu, dum retulit, conditur hoc túmulo (el que llevaba tu nombre, precursor de Jesús, yace bajo esta tumba”). ¿Cómo la ven? He dicho y amen.