De economía y otras minucias


Fernando Hinterholzer Diestel
Como analista económico observo preocupado los aconteceres del gobierno de la 4ª. T en materia económica y presupuestal, y es que no vemos signos claros que la economía nacional camine rumbo al crecimiento, sino todo lo contrario. Los informes sobre su estado actual no son del todo desastrosos, pero indican claramente que el crecimiento ha sido insuficiente en este arranque de sexenio. No obstante, a pesar del extrañamiento de  algunos expertos, y pudiera preocupar, que los funcionarios hacendarios observen el escenario demasiado positivo frente a la información estadística que recién dio conocer el Inegi, que es diferente aunque muy cercano de que la economía este ya en recesión. Dicen los clásicos en economía, que no es lo mismo desaceleración económica que un fenómeno recesivo, aclarando que el motor principal de la economía es la inversión, pública y privada, más la segunda que la primera. 
“México no está en una “recesión técnica” y aunque sí hay una desaceleración económica, no hay riesgo de entrar en una fase de crecimiento negativo, afirmó el titular de la (SHCP), Arturo Herrera Gutiérrez. El encargado de las finanzas públicas del país aseguró que los resultados de la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB), dado a conocer este miércoles por el INEGI, muestran que no hay recesión, aun con la definición no oficial de este término, que considera dos trimestres consecutivos con caída con cifras desestacionalizadas. De acuerdo con esta estimación oportuna, refirió, en el segundo trimestre de 2019 la economía mexicana creció 0.4 por ciento respecto a igual periodo del año pasado y registró un ligero avance de 0.1 por ciento respecto al primer trimestre del año”.
Y los datos duros lo confirman: “Los resultados están a la vista: abrupta pérdida del empleo formal, que sólo en junio el IMSS fijó en 41 mil 913 puestos de trabajo o, en otro rubro, el registro, según el cual, a decir del Inegi, el Indicador de Confianza Empresarial de las manufacturas reportó, a julio, una baja de 1.2% respecto del mes anterior y -2.3% en términos anuales, menos 0.9% (-3.0%) el del comercio y menos 0.8% (-3.3%) el del sector construcción”.
Hay que considerar además, que una de las consecuencias del decremento de la inversión física, la actividad industrial y la creación de nuevos empleos, existen hay dos orígenes de la incertidumbre en los mercados. Una es externa y se relaciona con las dudas alrededor de  la aprobación del nuevo T Mec con Estados Unidos y Canadá, y los exabruptos electoreros con carácter  proteccionista del gobierno de Trump.
Otra  razón para la incertidumbre es un asunto interno del país y se relaciona con las decisiones que ha tomado el gobierno de la 4ª T. La primera y muy polémica fue  la cancelación del NAIM en Texcoco, otra más el gran  subejercicio del gasto público y las medidas de austeridad presupuestal, decisiones que han abonado, de alguna manera, a la desaceleración económica. Y es que, así como la inversión y el gasto público puede tener efectos multiplicadores en la economía, dichas medidas mal implementadas tienen tener efectos recesivos.


A manera de colofón, hay que señalar que el resultado directo de la desaceleración económica pueden ser muchas y algunas muy onerosas: ya que con un bajo crecimiento se multiplica la pobreza, se incrementa la  inseguridad, y reduce considerablemente la recaudación fiscal y, con ello, dificulta la capacidad de gasto en inversión y programas sociales. Seguramente alguna variable macroeconómica no ha sido considerada en los análisis de los “servidores públicos hacendarios” Porque en el muy corto plazo, el impacto potencial de los programas sociales del nuevo gobierno puede verse contrarrestado por el bajo crecimiento económico, crecer 0.01% y más presumirlo es una falacia populista.
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