La derecha extraviada y sin cabeza


Acapulko tropikal
Misael Habana de los Santos/ Quadratín
La oligarquía sin cabeza, podría titularse el análisis que sintetice el comportamiento de individuos y grupos “organizados” contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Sectores tipificados como la derecha política, también conocidos como conservadores, neoliberales, fifís, oligarquía cevichera, etcétera, y que en los últimos ocho meses se les ve activos dando golpes de ciego en contra de quien encabeza el proyecto de la llamada Cuarta Transformación (4T) y la masa (“chairos”) que se inclinó por un cambio político hacia la izquierda en la vida nacional.
 La reflexión tendrá que considerar la premisa de definir y ubicar para fines de análisis a estos individuos y grupos sociales que por su comportamiento político podría denominarse como “derecha” y que tienen como eje común la defensa del inmovilismo, la oposición a cualquier acción que amenace el confort económico que han disfrutado por décadas a costa del empobrecimiento de las mayorías.
 El novelista y luchador social José Revueltas, en su ensayo El Proletariado sin Cabeza, se refería a la incapacidad e insuficiencia del Partido Comunista Mexicano para ser vanguardia del proletariado en la transformación hacia una sociedad socialista y antiimperialista. 
Parafraseando al autor de Muros de Agua, podríamos aplicar este concepto, esta idea, a la actual circunstancia, a la encrucijada que vive la oligarquía nacional como consecuencia del triunfo de Morena y el proyecto de la 4T implementado por el presidente Andrés Manuel López Obrador y que provoca reacciones, hasta ahorita, como escozor y violencia verbal. 
Después del mazazo del 1 julio de 2018 —“se la metimos doblada” le llamó el español más mexicano Paco Ignacio Taibo II–, los diversos grupos de la derecha que votaron por los proyectos políticos del PRI y del PAN se muestran extraviados, arrinconados en las ínsulas de poder periférico que aún conservan, sin líderes visibles, sin coherencia en la acción, desprovistos de calidad moral que dé confianza a quienes podrían impulsar un cambio de régimen, sin partido político capaz de levantar la bandera de la protesta y de la lucha por la recuperación del poder político perdido. 
Sus organizaciones fracturadas o en extinción por el tsunami social son, literalmente, una oligarquía sin cabeza, sin pensamiento, sin creatividad, sin inteligencia, sin vanguardia y lo más grave sin retaguardia. 
Tal vez la impericia de la derecha  como oposición sea resultado de su propio inmovilismo conservador, de su ausencia de praxis en ganar batallas en la calle y consecuencia del sedentarismo en el ejercicio del poder siempre cuesta abajo que utilizó durante años mientras llenaba de oro sus alforjas y, para los más de sus seguidores, las migajas del confort burgués. 
El estereotipo gráfico con que caricaturistas representan a la oligarquía, hombres de prominente abdomen, se hizo realidad y provocó en estos sectores sociales adiposidad consecuencia del usufructo del poder por décadas a través de la transa, el moche, la corrupción lo que les arrebató a ellos y a sus instituciones todo tipo de credibilidad ante los votantes y los ciudadanos de a pie. 
En este país la lucha por los derechos individuales y sociales democráticos de los ciudadanos es marca registrada de la izquierda, no de la derecha, con los costos que ya conocemos: cárcel, represión, desaparición y muerte.
 En los últimos 50 años en el estado de Guerrero se implementó esta didáctica de control y opresión por el partido en el poder (el PRI) y sus instituciones políticas y represivas. 
La izquierda por décadas hizo músculo en la calle, en las fábricas, en las escuelas, en la familia, en la sierra y en todas partes donde pudo construir espacios para la reflexión y lucha. En cambio, para la derecha todo fue miel sobre hojuelas desde la cima del poder, dijeran en la Costa Chica, “siempre al lao de abajo”. 
Las expresiones a través de las redes sociales, para demostrar repudio, molestia, a cualquier propuesta que haga AMLO, en sus propias limitaciones dispersas, incentivan desinformación, juego sucio, injurias, vulgaridad, no son más que manifestaciones desesperadas carentes de argumento para el debate. 
Acciones espontáneas, mecanismos defensa de la oligarquía y sus voceros que hasta hoy no encuentran eco entre los mexicanos, robados, engañados por años, hastiados de los gobiernos anteriores y que están a favor del cambio. 
En Guerrero, lo que no entiende la oligarquía cevichera y sus personeros, es que cualquier programa social que busque combatir la pobreza es bienvenido, es bien visto, porque aquí se vivió y se vive cuesta arriba desde la primera, segunda, tercera y cuarta transformación, aquí donde se construyó el Estado nación, el plan de Ayutla, la Revolución, la lucha contra el partido único. Y aún con los gobiernos locales de Morena travestidos de izquierda y totalmente PRI. 
Por todo eso, los cuestionamientos de allá y acullá, de la derecha local no tienen razón y están condenados al fracaso y quedarán como expresiones propias de nuestro folclor guerrerense y acapulqueño. 
Porque aquí las mayorías, los desterrados del paraíso turístico y arrojados al infierno de la pobreza atrás de los cerros, quieren el cambio y aún siguen esperando justicia.