Francisco Toledo

Francisco Toledo

Francisco Toledo

Oaxaca, Oax. Francisco Toledo partió este día y con él se va el mayor defensor de Oaxaca, aquel con la calidad moral para enarbolar luchas en diversos frentes, la defensa de la tierra y el territorio, las lenguas indígenas, del maíz nativo o incluso de la libertad de expresión. Se fue el artista vivo más importante de México (de acuerdo con el INBA), aquel que durante muchos años fue el corazón de Oaxaca, al encabezar luchas por la defensa del patrimonio; Oaxaca ha perdido a su más grande amante y defensor, Francisco Toledo. 

Francisco Benjamín López Toledo, mejor conocido como Francisco Toledo, genio y figura, nacido en el municipio de Juchitán de Zaragoza en 1940, sitio desde el cual comenzó con su apoyo a las comunidades y promovió diversas causas; artista plástico, filántropo, defensor de derechos humanos y de la tierra y el territorio, así como de las lenguas indígenas a lo que se dedicó con mayor ahínco sus últimos años de vida. 

El juchiteco mostró a lo largo de sus 79 años de vida estas facetas; no sólo fue un destacado artista que visitó diversos países, incluida  Francia, donde vivió varios años, sino que nunca se olvidó de sus raíces y continuó apoyando diversas actividades y proyectos; uno de ellos fue la fundación de la Casa de la Cultura de Juchitán de Zaragoza.

Sin embargo, los proyectos más ambiciosos del artista fueron la fundación del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, espacio para consulta gratuita, misma que a la fecha cuenta con más de 61 mil libros especializados en diversos temas, como la pintura y la arquitectura, además de contar con la colección Toledo-Inba, antes llamada José F. Domínguez, la cual acumula más de 24 mil piezas de arte incluidas obras de Pablo Picasso, Rufino Tamayo y José Guadalupe Posadas, entre otros.

También el Centro de las Artes de San Agustín, fundado el 21 de marzo del año 2006, y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, mismos que albergan diverso talleres, exposiciones y ponencias, actividades en las que participaron artistas de talla internacional.

Toledo también creo el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax), asociación desde la cual ha enarbolando diversas luchas como la defensa del zócalo de la ciudad de Oaxaca en el sexenio de Ulises Ruiz (2004 - 2010) y sus bancas, mismas que acusó pretendían retirar para ser botín de políticos. En protesta el pintor llevó su banca al zócalo y se instaló allí, en oposición a la colocación de un restaurante de comida rápida y su logotipo en el andador turístico por no ir con la fisonomía cultural, entre otras. 

La defensa de la lengua
Una de las acciones en las que se enfocó el artista fue la defensa de las lenguas indígenas. Dentro del CaSa se gestaron diversos materiales didácticos en los que se promovió el uso de las distintas variantes de las lenguas que existen principalmente en territorio oaxaqueño; incluso fueron abiertos los Premios CaSa de creación literaria en distintas lenguas nativas.

Además demandó a las autoridades un trabajo de fondo para la preservación de las lenguas, para ello exigió que los alumnos egresados de la Educación Normal Bilingüe e Intercultural de Oaxaca (Enbio) sean designados como profesores en localidades de las que hablen su lengua, lo que promoverá el uso de la misma en las distintas localidades. De igual modo aportó materiales didácticos y otorgó becas a alumnos de escasos recursos.

La lucha contra los transgénicos
De igual modo Toledo mostró en repetidas ocasiones su preocupación por el medio ambiente y su conservación, por ello el artista juchiteco decidió manifestar su rechazo al uso de transgénicos en México, siendo respaldo por diversas organizaciones y expertos en el tema. Incluso dirigió una misiva al ex presidente Enrique Peña Nieto para demandar su atención inmediata en el tema y declarara a México libre de transgénicos; sin embargo esto no ocurrió, pero su lucha tuvo eco en diversos artistas como Rubén Albarrán y los grupos Enjambre y la HHH Botellita de Jerez. El artista creó un peluche de una mazorca con cara de calavera, con la intención de concientizar sobre el daño que provocan los transgénicos en el campo. 

La defensa del Cerro del Fortín
Durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo (2010 - 2016) el artista encabezó dos luchas a través de Pro-Oax en contra de proyectos gubernamentales; la primera fue en contra de la construcción de un distribuidor de 5 Señores, al considerar que no tomaba en cuenta a peatones, ciclistas y zonas verdes, y además promovía el uso del automóvil y por lo tanto de contaminación; por ello incluso encabezó una bicimarcha a la que se sumaron distintas organizaciones y la sociedad civil.

Asimismo se opuso a la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, proyecto que Cué Monteagudo, junto con el ex titular de la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico (Styde), José Zorrilla, pretendieron instalar en el Cerro del Fortín, entre el auditorio Guelaguetza y el Hotel Victoria, propiedad del titular de la Styde.

Durante esta lucha Toledo fue apoyado por el artista plástico Sergio Hernández y distintas organizaciones sociales defensoras del Agua y del medio ambiente, así como de vecinos de las colonias aledañas. Incluso durante una marcha encabezada por el fundador de Pro-Oax hubo un ataque por parte de los trabajadores de la obra, quienes formaban parte de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), donde una activista resultó herida. Toledo también realizó foros de discusión y para la presentación de proyectos alternativos en los que convocó a expertos y a funcionarios de gobierno; estos últimos nunca asistieron.

Finalmente la construcción en el Cerro del Fortín fue suspendida y el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca tuvo que ser edificado en el municipio de Santa Lucía del Camino.

Toledo por Ayotzinapa 
La noche del 26 de septiembre de 2014 en el municipio de Iguala, Guerrero, fueron desaparecidos 43 estudiantes pertenecientes a la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa. Francisco Toledo calificó de terrible esta situación y demandó que los estudiantes fueran regresados a sus familias; el artista creó 43 papalotes en el Taller Arte y Papel, fundado por él en San Agustín Etla, mismos que voló en el andador turístico y los cuales fueron llevados en diversas exposiciones por Juchitán y la Ciudad de México. 

Juchitán y el sismo
En septiembre del 2017 un sismo de 8.2 grados sacudió a México; el epicentro fue en el estado de Chiapas. Sin embargo la zona más afectada fue el Istmo de Tehuantepec, ante lo cual Toledo, junto con sus colaboradores, apoyó la instalación de comedores comunitarios a los que se les surtía de alimentos; además promovió el rescate de la infraestructura tradicional de las zonas afectadas, y de igual manera creó dos grabados que fueron puestos a la venta para recaudar recursos en beneficio de los damnificados.

Otra
“Usted dedíquese a la foto”, le dijo el muralista Arturo García Bustos a Francisco Toledo (Juchitán de Zaragoza, 1940) cuando éste —allá por los años 50 del siglo pasado— le mostró lo logrado con su cámara. En aquel tiempo, el fundador del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo estudiaba en la escuela de Bellas Artes, a la par que la secundaria.
Sin embargo, Toledo hizo nulo caso a su profesor y siguió por el camino de la pintura, que lo llevaría a convertirse en uno de los artistas vivos cuya obra es de las mejores cotizadas.
La “rebeldía” del artista y promotor cultural se percibe en varios momentos de su vida, como cuando llegó a Oaxaca a los 13 años (antes, vivía en el sur de Veracruz) para estudiar.
“Yo siempre estaba grabando. No estudiaba ni presentaba exámenes. Y como no avanzaba en la secundaria, mi familia decidió moverme a México para que estudiara un poco más”, le cuenta en una entrevista el creador del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) a Daniel Brena, director de otro de los recintos impulsados por él, el Centro de la Artes de San Agustín (CaSa).

“Primero, y ya no me gustó tanto. Bueno, nunca me gustó”. Así, decidió seguir en el grabado; buscó el Taller  Popular y no lo halló, quiso inscribirse a La Esmeralda, pero ya se habían cerrado las inscripciones. Finalmente, fue a dar a la Ciudadela, donde se encontró nuevamente con su maestro Arturo García Bustos, quien daba clases de grabado.
“Pero yo lo evité”, le dice Toledo a Brena en la entrevista que acompaña la exposición de gráfica que comparte en el CaSa desde hace varias semanas. Prefirió las clases de litografía, donde tuvo como maestros a Francisco Castelar y Francisco Dosamantes. De los tres Franciscos, el alumno hizo trabajos con cierta modernidad que a los docentes no gustaba del todo, pero que tuvieron que “soportar” por tener a un único aprendiz.
“Yo agarraba las piedras, las limpiaba, las graneaba, dibujaba, imprimía. Todo mal. Pero me dio libertad”, externa.
Sin miedo y con una gran producción que gustó al galerista Antonio Souza, Toledo fue aconsejado para ir a Europa y conocer museos. Para ello, Souza le dio dos cartas de recomendación dirigidas a Runo Tamayo y Octavio Paz.
Así empezó la trayectoria del artista, próximo a cumplir 77 años de edad y que en 1960 saliera de su país para abrirse camino y cuya rebeldía lo llevaría a luchar no sólo en el arte, sino en otras áreas que han hecho de él un ícono de protesta en México y el mundo.

En mayo de este año, el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1998) decía que se percibía como una revoltura de sus facetas, pues lo miso era promotor cultural que artista y defensor de varias luchas (por la soberanía alimentaria, por el patrimonio natural y cultural, por los normalistas de Ayotzinapa, por las lenguas indígenas, entre otros temas). Además de ser un hombre sin voluntad al que las cosas le han salido “accidentalmente”.
“No soy un hombre de voluntad que diga: voy a París y quiero triunfar, voy a Nueva York a triunfar y estar en la mejor galería”, así se ha descrito quien en septiembre de 2015 quiso instituir un premio a la “sordera de los políticos”.
En tono de broma, dijo recientemente que si algo quería cambiar eran las canas.
“Uno llega como llega a esta edad y no hay nada que hacer. Ojalá fuera uno más sabio, pero aprende uno a través del tiempo con los errores y en la pintura creo que es un mundo muy cerrado, entonces no tengo ni veo muchas salidas. Sí hay repetición, un poco de variantes, pero lo veo con sus límites”, pues “todo lo que ya pintó atrás está presente en uno”.
De las luchas, Toledo se considera como alguien a quien le preocupa la injusticia, el miedo, la inseguridad, lo que le pasa a los compañeros periodistas cuando no se “alinean”, pero que del lado de la promoción cultural le gustaría ver que las instituciones continúen y sean sólidas, para que cuando él no esté sigan la labor.
Toledo, el que se percibe sin convicciones ni ideología, pero apartidista, ha dicho que lo suyo en las luchas es “decir algo que coincidimos un grupo que está mal y hablar de ese tema”. Y aunque ha abanderado varias luchas, es consciente de que esas protestas no le llevarán a ningún lado.
“No voy a ser diputado, no quiero tener un puesto… A Siqueiros y Rivera, el Partido Comunista los apoyaba, viajaban… estaban ligados a un partido internacional. Y yo, con ProOax, ¿a dónde voy?”, decía en mayo de este año.

Conocer a Toledo a través de su obra (y la de otros)
En mayo, Francisco Toledo tuvo una exposición de 120 obras, entre pinturas y esculturas donde el protagonista era él, pero en diferentes etapas de su vida y facetas.
Naa Pia’ (Yo mismo, en zapoteco) era el nombre de la muestra en la que Guillermo Santos, autor del texto de sala, indagaba en ¿cuántos rostros puede tener o poseer un hombre? y que respondía con que podían ser tantos como instantes o segundos contenga el tiempo de su vida.

Introducir un gesto que no carece de ironía: pintarse como un trompo, como un juguete del tiempo que no ha podido permanecer un instante quieto”, indicaba Santos.
Además que se trata de un artista con luchas muy actuales.

Si bien, la muestra autobiográfica ya no está en el IAGO, aún es posible adentrarse en la vida del artista por medio de las obras que se exhiben en el CaSa y a través de las cuales se percibe otra faceta de él, la de coleccionista.
Gráfica Toledo es el nombre de la exposición que reúne cerca de 45 años de coleccionismo del artista, quien con esa que su interés en tener obras de otros fue a partir de la creación de la Casa de la Cultura de Juchitán.
Desde el pasado 28 de mayo, alrededor de 200 piezas, la mayoría grabados, permiten conocer parte de la trayectoria del artista plástico, donde se narran sus inicios en el arte, sus viajes por Europa (a través de Italia, Francia y Noruega).
Así, por medio de cada grabado, se pueden conocer episodios de la vida de Francisco Toledo y su relación con cada autor de las piezas que la integran.

Para saber
Es considerado el artista plástico vivo (murió ayer)  contemporáneo más importante de México.
Fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en área de Bellas Artes el 15 de diciembre de 1998.
Su compromiso social y por la naturaleza se ha hecho factible a través de diversas iniciativas y proyectos:
Fundador del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO)
Promovió, junto a otros artistas de la época, la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO).
También impulsó la creación del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo.
Impulsó la restauración del monasterio donde funciona actualmente el Centro Cultural Santo Domingo, y que en una de sus áreas alberga el Jardín Etnobotánico.
Creó el Centro de las Artes de San Agustín, en el año 2006, en un edificio que antes fue una fábrica de hilados.
Fundó el Patronato para la Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca, A.C (Pro-Oax).
También es fundador de Ediciones Toledo.


3PARA 80Y “VIEJO”
“Yo pensé que a esta edad se llegaba con cierta sabiduría, pero no”, externa el artista Francisco Toledo frente a reporteros de diversos
medios que han ido al Instituto de Artes Grácas de Oaxaca para conocer los nuevos materiales en zapoteco editados por elCentro de
lasArtes de SanAgustín (CaSa).

Bajo la sombra de la bugambilia, pasado ya el mediodía y tras la conferencia de prensa que reunió a guras de la cultura comoVíctor
Cata, Natalia Toledo y DanielBrena, varios reporteros aguardan para obtener alguna declaración del artista.
Que si va a participar en una subasta de arte, cómo va a celebrar su cumpleaños, que si le duele México o de qué manera se describiría,
son algunas de las curiosidades que responde con frases cortas, gestos o sólo una palabra.
Por momentos, Francisco Toledo cambia de lugar y en vez de responder las preguntas preere hacerlas o disculparse por tener que
responder una llamada a su celular.
Pero vuelve para responder si seguirá promoviendo la cultura:
“Ya con eso es suciente trabajo, ya descanso; lo que ya se hizo hay que seguirlo alimentando: más libros, más cine, más discos, más
música, eventos”.
“Ya cerca de los 80”, le recuerda alguien sobre su cumpleaños 77, a lo que él preere decir “ya tres para los 80” y que remataría con
“viejo, ya”, ante la petición de describirse con tres palabras, lo que halla muy difícil.
De la situación de Oaxaca por la acumulación de basura, dice que “en la esquina ya hay un buen paquete” y que “con la Guelaguetza, va a
ver cuántos kilos de basura va a haber, de plásticos, de botellas, todo lo que usted quiera”.


Otra
Francisco Toledo nació el 17 de julio de 1940, en Juchitán, Oaxaca, México.

Hijo de Francisco López Orozco y de Florencia Toledo Nolasco. Su padre fue dependiente de comercio y su madre provenía de una familia de matanceros. Fue el cuarto de siete hermanos.

En Oaxaca, cursó la secundaria y estudió grabado con Arturo García Bustos y Rina Lazo.


 

Con 17 años viajó a la Ciudad de México, pero las inscripciones en las escuelas de San Carlos y la Esmeralda estaban cerradas por lo que ingresó a la Escuela de Diseños y Artesanías, donde los pintores Castelar, Dosamantes y Silva Santamaría serían sus maestros.

En 1959, el galerista Antonio de Souza lo renombró como Francisco Toledo. En ese año exhibió sus obras en la Galería Antonio Souza y en el Fort Worth Center, en Texas.

Viajó a París en 1960, allí conoció a Octavio Paz y al también oaxaqueño y pintor Rufino Tamayo, quien lo ayudó a conseguir una beca en la Casa de México de la Cité Internationale Universitaire de Paris.

Estudió con el pintor británico Stanley Hayter y también técnicas de grabado. Permaneció allí cinco años y regresó a México con una técnica pictórica depurada, así como con la influencia de ideas plásticas de artistas de distintas escuelas europeas, como Durero, Paul Klee o Chagall.


 

Como artista independiente no se involucró con la temáticas nacionalista que representaba la Escuela Mexicana, y, aunque se le asoció a la Generación de la Ruptura surgida en los años 50, siempre mantuvo su autonomía.

Participó en la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) en 1974.

Creó Ediciones Toledo donde en 1983 publicó su primer libro, y en 1988, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).

En octubre de 1997 fundó el Taller Arte Papel Oaxaca, en la antigua planta hidroeléctrica "La Soledad", en San Agustín Etla.

En 2006 se creó el Centro de las Artes San Agustín (CaSa) en San Agustín Etla, gracias a su iniciativa, convirtiéndose en el primer centro de arte ecológico de Latinoamérica.


 

Acogiéndose al programa de pago en especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en pago de sus impuestos entregó “Los cuadernos de la mierda”: 27 tomos con 1.500 imágenes de seres defecando.

Fue el diseñador de la urna en la que desde junio de 2011 descansan las cenizas del escritor Carlos Monsiváis en la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo.

Su obra es abigarrada, llena de humor, abrió las puertas del viejo universo de los mitos y de la imaginería popular, al mismo tiempo supo trasladarlos al presente y devolverlo arropado por un espíritu contemporáneo.

Cultivó con persistencia todos los medios de las disciplinas gráficas, impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista con una destacada labor como ambientalista, promotor cultural y filántropo, cuenta con amplio reconocimiento internacional.

Recibió diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 1998, el Premio Príncipe Claus en 2000, el Premio Right Livelihood en 2005 por su dedicación a la protección y mejora de la herencia, ambiente y vida de la comunidad de Oaxaca. En 2007, el consejo universitario de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) lo distinguió con un Doctorado Honoris Causa.

En 2011, diseñó la urna donde descansan las cenizas del escritor Carlos Monsiváis en la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo.

Padre del y artista Jerónimo López Ramírez, conocido como el Dr. Lakra, de la escritora Natalia Toledo, y de la artista visual y fotógrafa, Laureana Toledo.

Francisco Toledo, artista, activista y promotor cultural falleció en Oaxaca de Juárez, Oaxaca, el 5 de septiembre de 2019, a los 79 años enfermo de cáncer. Llevaba varios meses enfermo por lo que se había retirado de la vida pública.

Un repaso por las obras más espectaculares de este artista oaxaqueño…
 

Francisco Benjamín López Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Juchitán, Oaxaca. Es un artista mexicano que también es reconocido por su labor como activista y filántropo, pues ha dedicado sus días a promover y conservar el patrimonio artístico de México, además de apoyar causas relacionadas con el cuidado del medio ambiente.

Lo cierto es que de los artistas mexicanos que están vivos, Francisco Toledo es uno de los más importantes. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente, por abarcar técnicas como el grabado, el dibujo, el óleo y la escultura.

Sus piezas son inconfundibles, todas cuentan con un sello diferenciador que habla del estilo tan único del artista. Por lo general revelan su pasión por la naturaleza, especialmente por los animales. Si algo destaca de esta fijación de Toledo, es que opta por plasmar animales que de primera instancia no son sinónimos de belleza. Tal es el caso de sus murciélagos, sapos e insectos, que vistos con sus colores y texturas presentan un nuevo significado. 

Tras muchos años de capturar dibujos en libretas cuando tuvo la edad se mudó a la Ciudad de México para estudiar en la Escuela de Diseño y Artesanías. Aquí se construyó su propia visión del arte. Aquí tuvo sus mejores maestros. Aquí se convirtió en: grabador, pintor, ceramista. En este lugar aprendió a usar como inspiración la diversidad regional de Oaxaca.

 

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Pero además de ser un dibujante consagrado, que ha expuesto en todo el mundo desde 1960, Francisco Toledo ha sido un comprometido defensor de la naturaleza y ahora también es el hombre al que la connotada revista Forbes ha escogido para homenajear con un tremendo artículo en el que se destacan su impecable trayectoria como artista y como activista social.

 

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En esta pieza, lo llaman “El brujo de Juchitán” y recorren con palabras su vida cotidiana. Según el articulista, Toledo es un tipo modesto y un poco desalineado. Siempre viste una camisa blanca y unos pantalones beige e inicia sus días en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca; una escuela (de las tantas de que ha fundado) en la que se forman artistas plásticos, escultores, ceramistas y fotógrafos.

En el IAGO todo mundo lo ve con una gran admiración, de hecho, le dicen “el maestro”. Y mientras los adultos mantienen una distancia respetuosa, los niños – que están estudiando en el instituto debido a que el sismo del 7 de septiembre les derrumbó sus escuelas– se le acercan y le preguntan que ¿cómo usa tantos colores?, el los abraza, les sonríe.

 

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Esa calidez y amor por su ciudad, no sólo se ve en las escuelas que apoya y alimenta. Se puede contemplar en los muros de algunos restaurantes de comida típica que hay en la capital de Oaxaca,  en las exposiciones temporales de los Centros Culturales y en la enorme cantidad de cuadros que ha pintado para celebrar la diversidad natural que existe en su querida tierra.

 

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Según el artículo Toledo odia las definiciones. Él no cree en las rutunas, pero sí espera que llegue “el momento brujo”, ese instante en el que la inspiración invade las entrañas y necesita salir para convertirse en obra de arte. Afortunadamente en su carrera el grabador ha encontrado muchos de esos instantes y ha dejado para la posteridad al menos 7 mil obras.

 

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También juega con la fantasía y la realidad, sobre todo a la hora de esculpir, pues crea figuras antropomórficas que hacen pensar en bestiarios. Muchas veces, sus piezas fungen como metáforas y alegorías, como aquellas máscaras, papalotes y joyas que de vez en cuando se aventura a producir. Francisco Toledo es sin duda un maravilloso artista plástico mexicano, y vale la pena dar un paseo por su obra para entender su técnica, intereses y talento. Aquí algunos fantásticos grabados, óleos y esculturas:


Otras
Francisco Benjamín López Toledo (Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, México 17 de julio de 19401?-5 de septiembre de 2019, Oaxaca de Juarez, Oaxaca) fue un artista plástico mexicano que también tuvo una destacada labor como activista de izquierda, luchador social, ambientalista, promotor cultural y filántropo. Apoyó numerosas causas enfocadas tanto a la promoción y conservación del patrimonio artístico mexicano, como al libre acceso a la formación artística y el cuidado del medio ambiente. Falleció en la ciudad de Oaxaca de Juarez el 5 de septiembre de 2019.

Francisco Toledo fue uno de los mayores artistas de México, con amplio reconocimiento internacional. Fue impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista. Su arte reflejó un gran aprecio por la estética de la naturaleza, particularmente la de animales que no son convencionalmente asociados con la belleza como monos, murciélagos, iguanas, sapos e insectos. En su escultura tuvo dos formas de expresión, una donde representó cosas del mundo natural, específicamente bestiarios de distintos animales y otra donde se despegó totalmente de la realidad. “Fragua, de ese modo, un universo que ata cabos con lo real y, simultáneamente, despliega la metáfora.”2? Esta última se deja ver en su obra gracias a que representa figuras humanas y de otros animales en una forma de apareamiento ya sea explícito o simbólico.2? La visión moral de Toledo afirma que el mundo de los humanos y el de los animales son uno con la naturaleza. En sus cuadros se representa mucho la androginia2? Toledo usó la modernidad y la vanguardia de otras civilizaciones, especialmente la europea, para sus obras 2?y mostró un sentido de lo fantástico muy desarrollado al crear criaturas antropomórficas que son a la vez monstruosas y juguetonas, personajes que incluye en sus papalotes, libros de artista, máscaras, piezas de joyería y complejos grabados.3? Debido a sus obras, se dice que Toledo perteneció a la Generación de la Ruptura aunque no haya pertenecido históricamente a la misma.2?


Índice
1    Biografía
2    Galería
3    Véase también
4    Referencias
5    Enlaces externos
Biografía

Autorretrato con pájaro, 1975
Fue el cuarto de los siete hijos de Francisco López Orozco y Florencia Toledo Nolasco. A los 14 años inició sus estudios artísticos en el taller de grabado de Arturo García Bustos. Posteriormente ingresó al Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en Ciudad de México. En 1959 exhibió sus obras en la Galería Antonio Souza y en el Fort Worth Center, en Texas. En 1960 viajó a París, donde profundizó en técnicas de grabado, conoció museos, galerías, artistas y escritores que cambiaron su visión del arte, regresó a México en 1965 con una nueva perspectiva ideológica y estética que incorporará en sus obras.4?

Su obra se caracteriza por el toque irreverente, provocativo y transgresor que le imprime. Desarrolló su carrera como artista independiente, no se involucró con las temáticas nacionalistas que representaban la Escuela Mexicana. Aunque se le ha asociado a la Generación de la Ruptura surgida en los años 50, él sostuvo su carácter de artista autónomo.5?

El artista zapoteco promovió y difundió la cultura y las artes de su estado originario, Oaxaca, donde residió los últimos años de su vida. Con apoyo de otras instituciones fundó en octubre de 1997 el Taller Arte Papel Oaxaca, instalado en la antigua planta hidroeléctrica "La Soledad", en San Agustín Etla. Dentro de este contexto, fundó Ediciones Toledo, que en 1983 publicó su primer libro, y en 1988 fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).6?

A iniciativa suya se creó en 2006 el Centro de las Artes San Agustín (CaSa) en San Agustín Etla, 17 km al norte de Oaxaca de Juárez, el primer centro de arte ecológico de Latinoamérica, en donde se produce y estudia fotografía, gráfica digital, diseño textil, así como preservación del patrimonio y arte enfocados al medio ambiente y a la cultura local. Otros proyectos que ha apoyado son: la Biblioteca para Invidentes Jorge Luis Borges, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), el Cine Club El Pochote, el Jardín Etnobotánico, la Fonoteca Eduardo Mata, la Biblioteca Francisco de Burgoa, las revistas Guchachi Reza (Iguana Rajada) y Alcaraván, la Casa de Matemáticas de Oaxaca y muchos otros.7? 8? 9?

A pesar de oponerse a los reconocimientos públicos, le fueron otorgados numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 199810? y el Premio Príncipe Claus en 2000.11? En 2005 recibió el Premio Right Livelihood por su dedicación a la protección y mejora de la herencia, ambiente y vida de la comunidad de Oaxaca. En 2007, el consejo universitario de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) lo distinguió con un Doctorado Honoris Causa por su labor en el mundo de las artes. Diseñó la urna en donde desde junio de 2011 descansan las cenizas del escritor Carlos Monsiváis en la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo, la pieza es de barro pintada al óleo, que simboliza a un gato que juega con una pelota. Francisco Toledo, en 2015 entrega el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) a Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), una colección de más de 125 mil objetos, entre los que destacan fotografías del siglo XIX y documentos del siglo XX, siendo de las Donaciones más grandes, culturalmente hablando, incluido en la donación se encuentran dos edificios, donde actualmente se encuentra ubicado el IAGO.3?

Hay obras suyas en los Museos de Arte Moderno de México, París, Nueva York y Filadelfia, en la New York Public Library, la Tate Gallery de Londres y la Kunstnaneshus de Oslo, entre otros. Ha ilustrado varios libros y ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales en ciudades como Nueva York, Londres, París, Ginebra, Oslo, entr


Entrevista conel PAIs
Le gusta México? Hay cosas que me gustan y cosas que se perdieron. Todo va cambiando. París tampoco es ya el de mi juventud. Conocí el istmo de Oaxaca cuando las mujeres se bañaban desnudas en el río. Los trajes y las fiestas, los mercados, el zapoteco hablado por todas partes. Tenía cinco años y era el paraíso, un México diferente: la gente india no estaba sometida y tenía cierta autonomía. Pero todo eso desapareció. Ya no se ve lo que vi.

¿Y el de ahora? El México de entonces debía tener tantos problemas como el de ahora, pero como yo era niño no los registraba. El de ahora lo veo con terror: los migrantes, la droga, las metralletas… Hay un México bárbaro que a todos nos da miedo.

Si todo el mundo dejara de votar, podríamos sacar algo en claro

Como el de la tragedia de Ayotzinapa. Eso es una vergüenza que no tiene nombre. Los políticos quieren que se pase página, pero esa página no se podrá pasar nunca. Queda para la historia de la infamia.

Para recordar a los 43 estudiantes desaparecidos hizo papalotes (cometas) con sus rostros y los puso a volar. ¿Por qué? Fue un gesto que preparamos con los niños de la escuela. Hay una costumbre del sur: cuando llega el Día de los Muertos se vuelan papalotes porque se cree que las almas bajan por el hilo y llegan a tierra para comer las ofrendas; luego, al terminar la fiesta, vuelven a volar. Como a los estudiantes de Ayotzinapa los habían buscado ya bajo tierra y en el agua, enviamos los papalotes a buscarlos al cielo.

¿Y no cree que se está olvidando el caso? Quizá no sea como al principio, pero siempre está presente, surge en cualquier manifestación. No creo que haya pasado. A medida que se busca a los desaparecidos, van apareciendo más y más cuerpos, mutilados, aquí y allá.

¿Ha sentido miedo? Sí, cuando duermo. Hace poco estuvimos en una manifestación y se nos echaron encima, pero ahí no lo tuve. Ahora bien, en los sueños sí, y corro mucho.

¿Qué le persigue? No lo recuerdo, solo sé que algo me dice: “Corre”. Me acuerdo poco, un ratito, y después se diluye. Pero sé que ahí tengo miedo…

Si me permite, yo le digo una serie de palabras. Y usted me dice lo que piensa. De acuerdo.

Rufino Tamayo. Ah. Me ha pillado desprevenido… Diría sandías, pintaría sandías con él.

París. Soledad y encuentros importantes.

DF. Peligros. La primera vez que fui, sufría una enfermedad que no podían curar en el pueblo. Y en esa época corría el rumor de que en la capital se raptaban niños y que luego aparecían en los tamales. Se decía que había que abrir el tamal con cuidado y ver qué carne contenía, porque a veces podías encontrar un dedito. DF me recuerda un tamal y un dedito de niño.

Juchitán (su pueblo). Confrontación, guerra, violencia. Allí hubo revueltas muy sangrientas.

Borges. Manual de zoología fantástica. Lo publicó el Fondo de Cultura Económica en 1957. Lo leí pero no dibujé nada. Al llegar a París, empezaba a sonar su nombre. Gallimard lo editó en la colección La Cruz del Sur. Rulfo, Borges…, Octavio Paz nos preguntaba si lo habíamos leído. Había una poeta muy famosa, argentina, Alejandra Pizarnik, ella no lo había hecho, y Paz la regañó.

Cielo. Inalcanzable.

Va a cumplir 75 años, ¿cree en Dios? En mi familia nunca se creyó.

El pintor Francisco Toledo.
El pintor Francisco Toledo. SAÚL RUIZ
Es ateo. No puedo decirlo. Yo he admirado a un político religioso, a Gandhi. Su respeto a las plantas, a los desposeídos tiene posiblemente un fondo religioso, pero también es espontáneo, fruto del amor a la gente.

¿En el arte se puede creer? Solo hasta cierto punto. La importancia de un artista se debe al comercio, a la especulación. Hay una parte que no es para creer.

¿Por qué pinta? Como no pude con las matemáticas, me fui hacia el arte. Desde niño tuve facilidad para el dibujo. Se me celebraba en casa y en la escuela. Y tal vez fue eso lo que me llevó.

Su paleta ha variado mucho. En París, gris por los inviernos y la falta de sol, tenía yo una paleta muy, muy chillante, con rojos, violetas y amarillos, pero ahora que he vuelto a México, uso colores tierra, ocres, sienas.

¿Por qué no tiene agente? En París tenía una galería, hicieron mucho por mí. Exponía en Londres, Alemania, Estados Unidos…, preparaba tres o cuatro exposiciones al año. Luego, empecé a producir menos. Los porcentajes que toman las galerías son exagerados. Al no pagarlos, he podido crear instituciones que promueven la cultura y el conocimiento y dotarlos de libros, películas, obras…

¿Cómo ha influido su tierra en su pintura? Mi vida ha pasado por muchas etapas. Al principio quería estar ligado a mi comunidad, ahí había mitos orales, tradiciones, cuentos; pensaba que podía ser el ilustrador de esos mitos. Con el tiempo me fui cargando de más información, visité ciudades y museos; Picasso, Klee, Miró, Dubuffet, viví en Europa, viajé a España, conocí a Tàpies, a Saura… Mi arte es una mezcla de lo que he visto y de otras cosas que no sé de dónde vienen. Me han influido el arte primitivo, pero también los locos, los enfermos mentales y, sobre todo, Rufino Tamayo, oaxaqueño, con quien tuve mucha cercanía en París. Hay un tratamiento del color y de la materia que me aproxima a él. Le quise mucho. Gracias a Rufino me pude quedar en París. Él consiguió que me dieran una beca; iba para unos meses y me quedé cuatro años.

En sus cuadros se percibe un parentesco con las pinturas rupestres. Estando en París pude ver la cueva de Lascaux. Esa visita me impresionó.

¿Y el universo chamánico? Eso dicen de mi obra, pero yo no me veo con poderes chamánicos. Si los tuviera, los emplearía para fulminar a algún que otro político.

¿De dónde proceden sus figuras? Mis padres son migrantes. Yo soy más de ciudad que de campo, pero siempre supe lo que era el campo. Y de ahí procede lo que yo pinto, aunque no vengo de un mundo primitivo.

Usted tiene un compromiso muy fuerte con su tierra. Sí, pero cualquier día me voy y rompo el compromiso [risas]. Mientras estoy aquí, ayudo, busco hacer el bien.

Francisco Toledo
Francisco Toledo: “Quise ser un ilustrador de mitos”
La obra de Francisco Benjamín López Toledo (Juchitán, Oaxaca, 17 de julio de 1940) traza un círculo completo. Empezó en Oaxaca, donde llegó a estudiar a los 12 años, y en su tramo final, tras largos periodos en el extranjero, ha recalado en el punto de partida. Su tierra es el ombligo de su creación. De ella emanan su paleta, sus criaturas primitivas y fantásticas, sus creencias. En defensa de Oaxaca ha puesto en pie una activa red de centros culturales y medioambientales desde los que difunde el arte entre los jóvenes y da apoyo a las causas que considera justas. Gracias a ello, en México, no solo es considerado el mayor artista vivo, sino un símbolo de compromiso cívico. Sus cuadros, cercanos en el tratamiento del color a los de su mentor artístico, Rufino Tamayo (Oaxaca, 1899-Ciudad de México, 1991), combinan influencias occidentales –Goya y Picasso, Klee y Ho­garth– con formas antiguas e indescifrables, fraguadas en los valles del sur de México.

En Oaxaca ha logrado preservar valores que en otros lugares han desaparecido. Eso ha ocurrido en parte por el aislamiento y en parte por la pobreza. El turismo es relativamente reciente aquí. Cuando llegué a estudiar, hace 50 años, no se disponía de luz eléctrica y solo había un vuelo de avión a la semana. Los grupos indígenas vivían entonces más aislados, no había la emigración que se produjo después. Todo empezó a cambiar cuando se abrieron fronteras y la gente empezó a migrar a California. Eso alteró las comunidades.

¿Usted vota? No.

¿Por qué? Porque soy impaciente y no puedo estar en una cola esperando. Mire, las cosas no cambian. Hay un grupo que domina la política, sea el PAN, PRI, PRD o lo que sea. Forman una pequeña mafia que se protege y que pasan de un partido a otro. Todo el desastre económico de México se debe a esos políticos que solo piensan en su bienestar.

¿Y en qué cree usted? No tengo la verdad. Ni un plan que a nadie se le haya ocurrido. Pienso que, criticando, a lo mejor cambian un poco las cosas. Si todos juntos hacemos algo contra este grupo político que ha dominado el país durante 70 años, si todo el mundo dejara de votar, ¿qué pasaría? Quizá habría una crisis y de esta podríamos sacar algo en claro. No sé…, me gustaría que pudiera llegar ese momento en que todo el mundo rechazase votar… Le voy a contar un ideal. Las comunidades indígenas se gobiernan por usos y costumbres, se reúnen antes de fin de año y a mano alzada toman decisiones. No hay formaciones políticas, son comunidades pequeñas. Pero ahora con los partidos esa unidad se ha roto, entran a repartir dinero y la gente se divide.

Usted apoya la convocatoria de un Congreso Constituyente para refundar el Estado. ¿Con qué objetivo? Es por tratar de cambiar algo. Con la política que tenemos, no salimos del hoyo. No sé si funcionará, pero pensar que una convocatoria puede unir a la gente, hacer algo… No sé, a ver lo que sale.

Si estuviera frente a frente con Peña Nieto, ¿qué le diría? Le he mandado cartas por la cuestión de los transgénicos, porque de él depende la siembra en todo el país. No nos ha contestado. No se le puede ver. Por eso hemos empezado a recoger firmas. Un millón. Vamos lentos, pero algún día se las llevaremos. Las pasaremos debajo de su puerta.

¿Qué echa de menos? Tal vez la energía que tenía unos años atrás, cuando podía correr, brincar, caminar.

¿Ha cometido muchos errores? A veces pienso que he perdido mucho al meterme en problemas que me han quitado tiempo de pintor. Tamayo siempre me decía: “Usted no se meta, usted es pintor, no va a sacar nada de eso”. Y nunca lo escuché. Ese sería un error. No escuchar la voz de la experiencia que me aconsejaba quedarme en la pintura.

¿Cómo ve el futuro de México? No puedo contestar. No sé ver el futuro. Mi chamanismo llega nada más que hasta el aquí y el ahora.

México desconocido 2010

FRANCISCO, NOS GUSTARÍA QUE HABLARAS DE
TU INFANCIA.
Nací en Juchitán, Oaxaca, en una familia de siete hermanos y en medio de una
polémica entre dos familias que tenían puntos de vista políticos diametralmente
opuestos. Ambas vivían luchando sin darse tregua. Mi abuelo, cansado de esta
situación, decidió mudarse con toda la familia a Ixtepec. Pasados algunos años,
mis padres resolvieron ir a buscar fortuna a Minatitlán, Veracruz, en donde
pasé los primeros años de mi vida.
¿DESDE ENTONCES TE GUSTABA LA PINTURA?
Sí, tanto que en cierto momento mi padre tomó la decisión de enviarme a
estudiar a Oaxaca, sobre todo cuando se dio cuenta de que en nuestra casa ya
no quedaban muros donde pudiera seguir dibujando.
¿HÁBLANOS DE TU VIDA EN LA CIUDAD DE
OAXACA?
Los estudios secundarios en Oaxaca incluían como materia obligatoria arte y
los alumnos podíamos escoger entre pintura, escultura, música, cerámica o
danza. Fue aquí, en el Instituto de Bellas Artes, donde inicié mis estudios de
pintura en compañía de otros destacados alumnos, entre otros Virgilio Gómez,
quien inuyó mucho en mí, ya que me contagió su gran admiración por la
belleza de la ciudad de Oaxaca y me convenció de que había que luchar por
conservarla. Desde entonces y hasta hoy, apoyado por un grupo de
ciudadanos oaxaqueños reunidos en la Fundación Pro-Oax, he luchado por
salvaguardar el patrimonio histórico, cultural y ecológico del estado.

¿CUÁNDO TOMASTE LA DECISIÓN DE IRTE A
RADICAR A LA CIUDAD DE MÉXICO?
Después de varios intentos por pasar de año, mi padre determinó que lo mejor
era que continuara mis estudios en la ciudad de México. Fue allá donde, en
1957, gracias a la recomendación de Roberto Donís, logré ex- poner por
primera vez en la prestigiada galería de Antonio Souza. Y, en 1959, expuse por
primera vez en Estados Unidos.
¿CUÁNDO Y POR QUÉ OPTAS POR IRTE A PARÍS?
En 1960 decidí viajar a Europa. Primero llegué a Roma y posteriormente me
trasladé a París. Tenía dinero para sobrevivir unos seis meses; sin embargo, mi
empeño era quedarme el tiempo que fuera necesario, ya que en aquel entonces
se concentraban en París los grandes pintores e intelectuales de la época.
¿CÓMO FUE TU VIDA EN PARÍS?
Como la de la gran mayoría de los artistas escasos de recursos: muy solitaria y
muy dura. Sin embargo, tuve gran suerte en conocer al maestro Octavio Paz,
quien consiguió que me admitieran en la Casa de México, asegurándome así un
techo. Por esa misma época conocí a Runo y Olga Tamayo, quienes me
trataron como a un hijo. A él le gustó mi pintura y me ayudó a venderla. Olga,
por su parte, trató siempre, con su afecto, de hacerme sentir en casa, lo que
hacía mucho más llevadera mi soledad y nostalgia por mi país.
¿FUE EN PARÍS DONDE LOGRASTE ENCONTRAR
UN ESTILO PROPIO?
No, de ninguna manera. Siempre tuve un estilo propio que logré conservar a
pesar de las rígidas normas establecidas por los maestros de la academia;
normas que tuve que aprender, pero que rompí de inmediato cuando abandoné
la ciudad de Oaxaca. En París me alimenté de todo lo que veía a mi alrededor:
museos, esculturas, pinturas, jardines, que sirvieron para enriquecer mi mente y
mi obra.
¿CUÁL FUE LA PEOR EXPERIENCIA QUE VIVISTE
EN PARÍS?
El regreso a México de mis mejores amigos, Olga y Runo Tamayo, dejándome
muy solo y desprotegido. Sin embargo, antes de partir, Runo se preocupó de
convencer a Rata Ussia de que me diera una beca a cambio de algunos de
mis cuadros. Debo confesar (nos dice riendo Toledo) que cuando la señora
Ussia vio mi obra, me dijo muy seria: “que mejor no le diera nada”.
Otra fue un intento de expulsión de la Casa de México por parte del director.
Tan injusticada era esta medida, que la mesa directiva y los residentes
impidieron mi salida, aunque también la entrada al plantel del entonces
presidente de México Adolfo López Mateos, quien se encontraba de visita ocial
en París.
Finalmente, por este motivo, me vi obligado a buscar otro lugar para vivir,
gracias a unos amigos encontré la buhardilla de una galería de la Rue Du Bac,
que carecía de baño y de calefacción, lo que hacía mi vida difícil, sobre todo
durante el invierno. Sin embargo, fue en esta época cuando logré exponer por
primera vez en la galería Karl Flinker, con éxito y buena crítica. A esta
exposición siguieron otras en Suiza, Londres y Estados Unidos, todas con el
¿POR QUÉ RAZÓN, TENIENDO YA ÉXITO EN PARÍS,
DECIDES REGRESAR A MÉXICO?
Después de viajar durante cerca de cuatro años por Europa, con dinero que
gané de la venta de mis cuadros, invité a mi padre. Su presencia me alegró
mucho, pero al mismo tiempo me provocó una insoportable nostalgia por mis
raíces juchitecas, factor decisivo para mi regreso.
¿CÓMO TE ENCONTRASTE EN JUCHITÁN, LUGAR
EN EL QUE HABÍAS PASADO MUY POCOS AÑOS
DE TU VIDA?
Muy bien, A mi llegada, lo primero que hice fue recuperar el idioma zapoteco;
poco tiempo después me casé y tuve mi primera hija.
Mi pintura se transformó, según yo, para mal, pues trataba de recrear todo mi
entorno familiar: la zapatería de mis tíos, la matanza y los artículos que veía en
los catálogos de la tienda. Más tarde decidí mudarme a Teotitlán del Valle para
hacer tapices con mis propios diseños e intentar algunos cambios en los
diseños y en los colores tradicionales.
¿EN QUÉ AÑO REGRESAS A PARÍS?
En 1968 conocí a Elisa Ramírez, quien había llegado a Oaxaca huyendo de la
persecución de Tlatelolco. Elisa y yo vivimos un tiempo en París, pero fueron
tiempos muy difíciles, así que decidimos regresar a México, donde nacieron 
De regreso a Juchitán, compramos unas tierras y construimos una casa junto al
río. En esta época prácticamente abandoné la pintura para dedicarme a
sembrar mis tierras con árboles de tamarindo (que por cierto nunca se dieron),
a recorrer el Istmo de Tehuantepec y fundar la Casa de la Cultura.
¿CUÁNDO DECIDES VOLVER A PINTAR?
Cuando regresé a la ciudad de México. Fue entonces que realicé varias
exposiciones en las galerías Juan Martín, de Arte Mexicano y Misrachi; también
comencé a trabajar cerámica, que expuse en la Galería López Quiroga.
¿TIENES PREFERENCIA POR ALGUNA DE TUS
PINTURAS?
No. En realidad tengo únicamente los recuerdos que ciertos cuadros traen a mi
memoria, pero no tengo preferencia por ninguno.
Con esta última frase el maestro Francisco Toledo da por terminada la
entrevista quedando, en nosotros una profunda admiración por este hombre
sencillo, que no sólo es uno de nuestros más grandes pintores, sino un ser
humano increíblemente generoso, preocupado por el bienestar de los indígenas
oaxaqueños y por la preservación de nuestro patrimonio histórico y cultural.


Líderes 2017
Texto: Jesús Isaac González / Fotografías: Roberto Tetlalmatzin

Hace 20 años publicamos nuestra primera entrevista con Francisco Toledo, que según lo que le confió a Angélica Abelleyra en el libro Se busca un alma (Plaza y Janés, 2001) no nació ni en Juchitán ni en Minatitlán, sino en la Ciudad de México, en la colonia Guerrero. Su acta dice que el 27 de julio es su cumpleaños, aunque lo que su madre le dijo es que realmente nació el 17 de ese mes, y lo que es seguro es que fue en 1940. Pues este hombre que fue a nuestro encuentro en Oaxaca, a un lado de la Iglesia de Santo Domingo, reacio a dar una entrevista charló, tomó café y en algunos momentos hasta sonrió, y en medio nos contó qué piensa de la vida a sus 77 años.

“Cuando quise inscribirme en San Carlos me dijeron que había llegado tarde, entonces fui al Taller de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanía de la Ciudadela, en donde estudié litografía y un poco de grabado. Por mi cuenta comencé a pintar y me agarré a la Galería Antonio Souza, que fueron quienes me ayudaron. Mis primeras exposiciones fueron en México y luego en Texas.

“Con dinero de mi padre y con lo que gané de mis exposiciones me fui a Europa a ver museos y a estudiar. Mi padre se dedicó al comercio y como era muy listo y emprendedor, nos mandó a todos sus hijos a estudiar fuera del pueblo, porque nosotros vivíamos en Minatitlán, Veracruz”.

Eso fue todo lo que nos dijo sobre sus orígenes, concreto, quizás parco en extenderse en una historia que muchos más se han encargado de platicar y que a él ya no le preocupa entrar en detalles. Sin embargo sí tuvo tiempo de hablar de cómo ve el mundo que lo rodea.

“Tengo 77 años, hace 50 que estoy pintando y ya me aburre un poco, prefiero dar entrevistas. Claro que tengo que seguir pintando si no… no sale. Mi cercanía con los jóvenes no es tanta, no doy clases ni nada, que se chinguen… que busquen por su lado cada quien, que descubra cada uno su camino. A veces los maestros o líderes pesan demasiado. En lo que he hecho últimamente, no sé si me sigan, hace menos de un año hice una exposición de cerámica en el Museo de Arte Moderno, con motivo de los desaparecidos de Ayotzinapa”.

Para él ese fue un trabajo muy importante, por que más allá de que se diga si eran vándalos o que los dirigía alguien, él cree que eran gente que creció con muy pocos recursos. “Vivieron una vida muy difícil, en comunidades que llegan a una Escuela Normal, con un poco de comer, un cuarto. Creo que murieron personas que pudieron regresar a sus comunidades para participar en los cambios de las mismas. Puede decirse mucho, pero nada justifica que los hayan desaparecido. Y lo más terrible es que no se haya tenido el valor civil de explicar qué fue lo que pasó”.

En el origen está la política
Hablar de liderazgo con Francisco Toledo es todo un reto, se escabulle, se burla, cuestiona y al final su reflexión sale disparada hacia ningún lado. “Hay muchos líderes y pocas causas que encabezar. El momento en que estamos viviendo no hay quien se ponga a la cabeza, no hay a quién creerle. Yo he estado cerca de algunas causas, las he querido seguir, y tal vez no he sido constante, o quizás hasta me he sentido rechazado”.

Cuando se empezó a interesar en la situación de Juchitán hace 40 y tantos años, fue en el momento en que se abrió una casa de la cultura. “En ese tiempo yo había regresado de Francia. Quería acercarme a mis orígenes, por eso fui a buscar a mis familiares que quedaban en Juchitán, como mi abuelo materno o mis tías. Fue cuando entendí que había que ayudar a que ese mundo que se estaba yendo perdurara un poco más, como la lengua, la ropa, las costumbres, que están desapareciendo en todo México”.

Por una nostalgia personal se dedicó a viajar por la zona, y reconoce que no pudo hablar la lengua zapoteca, a pesar de que sus padres y sus cuatro abuelos la hablaban. “Y a pesar de todo quería recuperar esa lengua. Ahí me di cuenta que no era el único que pensaba así, había otros jóvenes que también querían ayudar en la recuperación y habían hecho una revista. Eso me llevó a involucrarme con los intelectuales juchitecos”.

Se fundó la Casa de la Cultura gracias a que se lo propusieron a un secretario de Educación Pública de Oaxaca, que además era amigo de Rufino Tamayo, Víctor Bravo Ahuja, quien apoyó su creación.

“Ahí nació al mismo tiempo un movimiento político que quería terminar con el poder del PRI, sobre todo porque hubo mucha violencia, por eso se fundó Cocei y el Partido Popular Socialista (PPS) tenía mucha fuerza en la zona”.

En ese tiempo se acercaba gente que decía ayudar al pueblo, que decían ser líderes de grupos como los cañeros, les decían que los perseguían, por eso se acercaban a la Casa de la Cultura. “Por eso fuimos coincidiendo con el ánimo de cambiar Juchitán, de tener otro tipo de municipio. Creo que en México, el caso de Juchitán es de los primeros en donde perdió el PRI, y que además no había ningún partido porque eran los ciudadanos quienes habían ganado”.

Lo que no les gustaba del PRI en Juchitán era la corrupción, por la forma en que se manejaba el poder para tener dinero, puestos, nepotismo.

“En 40 años no ha cambiado mucho la cosa, y lo peor de todo es que los jóvenes que en ese tiempo queríamos cambiar esa realidad ahora van en esa misma línea. A lo mejor hay algo en el poder que corrompe a las personas, sean quienes sean”.

El universo lejos del centro
De niño oyó la historia de un familiar de su padre, su tío abuelo, que había sido jefe político de la zona durante el porfiriato, y que desobedeció a Benito Juárez Maza, hijo de Benito Juárez, lo que provocó una revuelta, con muertos, entre ellos ese tío abuelo. “Al conocer esta historia, de la oposición que había en Juchitán contra el centro, el poder en Oaxaca.

“Esto me hizo entender el intento de muchos juchitecos de separar la parte del Itsmo de Oaxaca. Esto es una situación histórica que viene desde la época de Maximiliano, porque además la situación geográfica hace que seamos más cercanos a los chiapanecos y a los veracruzanos. Todas las órdenes, todos los impuestos, todo el poder contra cualquier rebelión venía del centro de Oaxaca. En este momento sigue habiendo un gran rechazo al poder central. Al oír esas historias familiares, tanto progresistas como conservadores, me ayudó a interesarme en las grandes causas de mi tierra”.

De los grandes temas que le preocupan es que haya un respeto por la identidad de la gente. “Si en algún lugar se habla una lengua distinta al castellano debe de haber maestros bilingües, para que se conserve la lengua materna además del español y si quieren también el inglés. Creo que la gente tiene mucho interés y capacidad por aprender, porque el indio no es pendejo como se cree. Y esa imagen del indio tonto o medio tonto también se lo debemos al cine y a la televisión, porque personajes como la India María me parecen una burla, y en ningún otro país se da esta situación. Hay que entender que los indios nacieron aquí, crearon este país, y solo habría que verlo con las ruinas como Monte Albán, Mitla, y sin embargo nos burlamos de esta cabeza hueca india a través de estos personajes. Y son muy ofensivos, de eso no se da cuenta la gente”.

Critica que se haya creado una Escuela Normal Bilingüe, en donde la idea es crear maestros bilingües, y todos los que entran conocen la lengua pero no hay un programa de enseñanza y no tienen un sistema de escritura, y al final nada se ha hecho para resolver esta situación. “Y lo peor de todo es que cuando alguien termina la carrera, por ejemplo un zapoteca del Itsmo lo mandan a la región mixteca, donde caiga. Creo que es un desorden buscado”.

Para Francisco Toledo las generalizaciones son imposibles, impensables. “Existen muchos tipos de oaxaqueños, no hay uno solo, y hay que pensar solamente en que hay siete regiones, y a cada una algo la hace particular, no sé si pueda haber algo que sea común. Entre los mismos zapotecos, hay unos del valle, de la sierra sur, de la sierra norte, del Itsmo, no se entienden entre ellos. La lengua zapoteca tiene variantes de acuerdo a la región, pero que al final hacen imposible la comunicación”.

Oaxaca es mucho más grande
Francisco Toledo toma conciencia de seis gobernadores de Oaxaca, que dejan mucho que desear en el tema cultural.

“Puedo decir que no saben nada, hablo de la cultura, no ponen a gente pensante en los puestos de la cultura. Lo que hace la sociedad civil lo hace con mucho más esfuerzo porque no siempre hay la respuesta de parte de quienes están en el gobierno. Lo que sucede en la cultura se queda aquí en la capital de Oaxaca, no va más allá, no hay un plan, no hay un proyecto de difusión. Es lo mismo que pasa con el INBA, Bellas Artes, la Secretaría de Educación Pública, todo lo importante que pasa es en la Ciudad de México”.

Cuando vivió en Europa le tocaron las grandes exposiciones de Arte Mexicano, desde el Arte Prehispánico hasta Tamayo. “Eran maravillosas, puedo decir que nunca se han visto en México. Uno nunca se da la idea de que hay una continuidad desde la época prehispánica, el virreinato, el arte popular, el arte moderno, eso es algo que no vemos acá, pero eso sí, se levantan el cuello en otros países”.

En el intento de aterrizar la entrevista nos compartió su visión sobre su trabajo. “A mí me ha ido bien en mi trabajo artístico pero no se lo debo a la política cultural mexicana. Cuando yo llegué a Oaxaca mi primer interés fue la pintura, el dibujo, en ese momento había una escuela de bellas artes, en donde había una biblioteca y eso fue lo que me abrió el mundo. En ese momento conocí a Tamayo, a los primeros muralistas, algo de la pintura internacional, y luego me fui a México, gracias a que mi papá tenía la capacidad económica de mandarme.

“Creo que hoy las grandes causas que se deben de tomar en México es ayudar a los que están cerca, como lo que hacen los cristianos: dar limosna, hacer obras de caridad. Y yo no soy cristiano. Lo que yo he ayudado ha sido porque a mí me faltó mucho en mi formación y creo que puedo aportar un poco, como en los libros que pongo en una biblioteca para que los muchachos los consulten. Y participo de la efervescencia que hay en Oaxaca por las galerías, los museos, los talleres, las exposiciones. Creo que esto se ha logrado gracias ha que se pusieron las bases y se fueron sumando más”.

Para Toledo, en Oaxaca hay empresarios oaxaqueños que tienen grandes negocios pero que no son magnánimos. “Un gran problema es que evaden el pago de impuestos, por lo mismo no ayudan a causas como hospitales o museos. En mi caso lo que aporto lo deduzco, para que Hacienda sepa cómo se gasta el dinero. En general hay poca ayuda de parte de los empresarios”.

Revista de la Universidad 2015
Las sutilezas de la lengua zapoteca
El cuarto de los siete hijos de Francisco López Orozco y Florencia Toledo Nolasco nació el 17 de julio de 1940 en la colonia Tabacalera del Distrito Federal, pero él se abroga el derecho de proclamarse juchiteco, “porque uno es de donde se siente parte”.

Con un rostro de bronce, curtido por el aire y el sol de su tierra, Francisco Toledo se dispone ?no sin su reticencia característica a las entrevistas? a charlar sobre su vida y obra.

El encuentro tiene lugar en la que hace tres décadas fuera su casa: el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), cuyo importante acervo, constituido por 125 mil 325 obras y dos inmuebles, fue donado por el artista el pasado 20 de enero al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Tras ingresar por el pasillo de entrada y cruzar el umbral, ahora ataviado por un bello enrejado de alacranes hecho por el propio maestro, Toledo pide una cerveza bien fría para mitigar el calor.

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Inquieto, como sería a lo largo de su existencia, antes de los trece años algunos conflictos familiares hicieron que aquel niño tímido, de mirada mineral, residiera en lugares como Juchitán, Ixtepec e, incluso, Minatitlán, Veracruz.

¿Qué es lo que decide que usted vaya a estudiar la secundaria a la ciudad de Oaxaca?

Mi papá creía que viniendo aquí se me pegaría algo de don Benito Juárez. Pero no se me pegó nada. Vine por eso y porque había dos o tres familiares que habían estudiado en el Instituto de Ciencias y Artes. Rosendo Pineda, que fue un porfirista muy cercano a don Porfirio, fue uno de ellos. Y otro, un tío abuelo de mi padre que se llamaba José F. Gómez, que también estudió en ese instituto y se rebeló contra el gobernador [Benito] Juárez Maza, levantó el Istmo de Tehuantepec en armas en 1911 y fue asesinado. Por estas razones, mi padre escogió Oaxaca para que yo viniera a estudiar.

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¿Tuvo particular influencia de sus abuelos en cuanto a las historias que le contaron en su infancia?

A mi abuelo paterno no lo conocí. Él era Benjamín López y yo me llamo Francisco Benjamín por él. A mi abuelo materno, sí. Pero era muy reservado, nada más estaba ahí; él era el que mataba cochinos. Las historias más bien me las contaron las tías.

¿Cómo era la relación con sus padres y el contacto a través de la lengua zapoteca?

Mis padres eran bilingües. No sé si tenían dificultades para hablar castellano, pero al menos mi madre era un poco insegura y yo creo que esa inseguridad también nos la pasó a nosotros que, digamos, éramos monolingües. Ellos nos educaron en el castellano, pero en el castellano que se habla en el Istmo, que es muy especial. Había muchos cuentos con juegos de palabras, de cosas que se dicen y se pueden interpretar de un modo u otro. Ahorita recuerdo que allá contaban la historia de un conejo que se iba a una fiesta, una celebración de esas que se hacen en Semana Santa. Él se mete entre la gente, se acerca a un puesto y comienza a comer cosas, pero no tiene para pagar. Por eso no se mueve. No puede escaparse y se queda quieto. Entonces ve a una señora que está ahí y se fija en un rodete que se usa para cargar cántaros y ollas. La mujer está atareada vendiendo. El conejo le pregunta: “¿Cómo se dice esto?”. Ella no le hace caso. El conejo le repite: “¿Qué es esto?”. Y la señora contesta: “Bishooñe”, que en zapoteco quiere decir “rodete”, pero también “¡Corre!”. Y es cuando el conejo sale corriendo. Ese tipo de historias son las que yo oía de chico. Nos dábamos cuenta de no sé si las sutilezas de la lengua, pero también de su ambigüedad. Con eso crecimos.

El zapoteco y algunas de sus vinculaciones con el castellano daban, como señala, para hacer muchos juegos de palabras…

Sí. Me acuerdo también de una vez que hubo Olimpiadas. ¿De qué año serían? Fueron las de Londres [1948] cuando Humberto Mariles, el mexicano, ganó dos medallas de oro en equitación [en salto individual y por equipos]. Entonces, alguien ajeno a eso dijo: “Oye, ¿que ganaron los caballistas?”. Pero en zapoteco, “los caballistas” son los oaxaqueños, la gente que vive en el Valle de Oaxaca; por lo que alguien más se preguntó: “¿Los oaxaqueños montan a caballo?”. Ese tipo de confusiones eran las que se daban. En aquel momento, yo tendría como ocho o nueve años.

¿Todo ese bagaje lingüístico fue quedando en usted como semilla?

Pues no sé si semilla. Más bien es la problemática a la que nos enfrentamos nosotros, migrantes con un idioma a medias, con un castellano no tan correcto. Porque los papás o los abuelos muchas veces traducen directamente del zapoteco al español, diciendo disparates o cosas incorrectas. Otro ejemplo. Había una señora que iba en la carreta con su hijo, pero en el camino el niño se cae del transporte. El señor que viene atrás, que habla español, le dice: “Oye, se cayó tu hijo”, pero “cayoo” en zapoteco quiere decir “está comiendo”. Lo que se presta a un chiste. Porque la señora le responde: “Deja que coma, no es tuyo lo que está comiendo”. Algo que no tiene gracia para la gente que no sea de lengua zapoteca. Pero sí hay mucha de esa cosa ambigua, de palabras en castellano que pueden sonar o parecer zapotecas.

ABRIR LOS OJOS AL MUNDO
Antes de viajar a la Ciudad de México, usted estudió en la capital oaxaqueña en el taller de Arturo García Bustos, ¿obtuvo alguna enseñanza?

Bueno, no hay que ser ingratos y decir que no. Yo tendría como catorce o quince años y él hablaba mucho de la pintura con mensaje. Los mensajes que él privilegiaba eran Rusia, los chinos comunistas, la propuesta en contra de la bomba atómica… Todo lo que era la temática del Taller de Gráfica Popular. Nosotros nos reíamos, porque no sabíamos nada de la Revolución de Octubre ni de los movimientos sociales y eso nos aburría un poco. En aquel entonces, podría decirse que no nos “tocó”, pero yo creo que ahora sí me va a tocar porque, justamente, con todo lo que está pasando en México, por primera vez quisiera hacer algo relacionado con los abominables hechos históricos de Ayotzinapa y Tlatlaya.

Al llegar a la capital, usted pasó por el INBA. ¿Qué tipo de estudios realizó ahí?

No había una academia formal, ni nada. Eran talleres libres. Ahí me volví a encontrar con el Taller de Gráfica Popular, porque había un maestro de dibujo que se apellidaba Dosamantes, que igual que García Bustos insistía en toda esta cosa del mensaje. Para poder hacer una litografía, él primero juzgaba tu dibujo y, si consideraba que estaba bien, te daba permiso de hacerlo sobre la piedra. En general, los maestros me dejaban hacer lo que quisiera. Yo era el único alumno y sabían que si dejaba de asistir se iban a quedar solitos. Nunca me obligaron a nada, porque vieron que tampoco yo hacía mucho caso. Así que me consintieron y me dijeron: “Haz lo que quieras”.

¿Recuerda de qué tema fue su primera litografía?

Mi primera litografía tiene la imagen de un hombre que vota. Pero, en realidad, era un familiar mío que estaba con una gorra como la de los obreros y está poniendo papelitos en el aire. En esos talleres del INBA fue donde aprendí toda la técnica y el oficio de la litografía, desde limpiar una piedra, prepararla, granearla y dibujarla hasta sacar las impresiones.

Poco tiempo después, a los 19 años, vendría su contacto con el galerista Antonio Souza, su primera exposición en México y luego en el Fort Worth Center, en Texas. Pero al respecto, el maestro ya no quiere hablar: “Eso fue un accidente y ya es una aburrición. ¿Para qué lo contamos?”, expresa contrariado.

En 1960, Toledo viajó a París y obtuvo una beca para estudiar y trabajar en el taller del grabador Stanley W. Hayter. En aquella época se relacionó con Octavio Paz y Rufino Tamayo, quien le ayudó a difundir y vender algunas de sus obras. Durante el lustro que siguió, expuso en París, Toulouse, Londres y Nueva York. Incluso la Tate Gallery publicó un catálogo escrito por el novelista estadounidense Henry Miller ?célebre, entre otras cosas, por la crudeza y desparpajo al hablar sin tapujos de la sexualidad humana?, en torno al trabajo de este singular artista mexicano.

De Rufino Tamayo, ¿el mayor valor que usted aquilató fue el de la generosidad?

Más que nada ?explica Toledo, mientras le da otro trago a su cerveza? fue como tener el apoyo de alguien que cree en uno, sobre todo cuando es joven y no tiene nada. A nivel de pintura, hay influencias de él en alguna época de mi trabajo.

¿Qué opinión le merece la llamada Generación de la Ruptura?

Yo no estuve en México durante esa época. Me incluyen en ella, pero no…

De los artistas que la conformaron, ¿le parecía interesante el trabajo de alguno?

Sí, claro, era interesante. Pero yo nunca formé grupo, porque cuando regresé de Europa y participé en la Galería Juan Martín, no me juntaba con los artistas de ahí, ya que vivía en Juchitán. Estuve muy ajeno a ellos.

¿Cuál considera que es su mayor influencia artística?

Tengo muchas influencias. Como dije, Tamayo en ciertas cosas; Klee, en otras… y también Picasso. Todo lo que he visto, me ha influido. No sólo artistas sino también las culturas de Oriente, las miniaturas de la India… Hay muchas influencias, deslumbramientos. Se podría decir que yo he vivido deslumbrado por culturas propias y ajenas.

DE PULGAS Y ALMOHADAS
En algún momento, usted realizó una suerte de homenaje a dos artistas plásticos: William Blake [Londres, 1757-1827] y Alberto Durero [Nuremberg, 1471-1528]. ¿En el caso del primero qué le llamó la atención?

Cuando yo llegué a la ciudad de Oaxaca sin información de lo que se había hecho antes en pintura, encontré una pequeña biblioteca en la Escuela de Bellas Artes de la UABJO, donde había un libro de Blake. Para nosotros los estudiantes fue todo un descubrimiento. Pero, además, como era de los pocos libros que había, pues lo veíamos y lo veíamos, por lo que llegué a conocer bien sus imágenes. Eso fue ¡hace 60 años! Ahora ya casi tengo 75 y quiere que me acuerde ?advierte y continúa tras una breve pausa?. Hay un cuadro de Blake que me gusta mucho, porque yo en algún momento he hecho pulgas cortadas de mica. Y esas pulgas vienen de él; aunque, claro, no directamente. Blake tiene una obra que se llama El fantasma de la pulga [ca. 1819-1820], en la que un hombre va caminando con un recipiente en la mano, mientras saca una lengua como de serpiente. Es un cuadro muy extraño. Cuando yo comencé a trabajar con las imágenes de las pulgas, me acordé de esa obra.

¿Y su atracción por Durero?

De él, vi las imágenes de unas almohadas y eso me intrigó, tal vez porque siempre vemos caras en los objetos o en las paredes. Pero que Durero haya visto caras en las almohadas, sí que me llamó la atención. Otra cosa que me pareció interesante fue el sueño que tuvo de un diluvio que presagiaba el fin del mundo.

LAS FRONTERAS DE LA TRANSGRESIÓN
Además de la presencia de los animales y seres antropomórficos que hay en sus obras, ¿considera que una de las constantes ha sido la transgresión?

No, he hecho muchas cosas. He ilustrado cuentos para niños. Parte de las imágenes de los animales vienen de cuentos infantiles, de la tradición occidental o indígena… Pero no, no creo. También he pintado objetos, lo que pasa es que han sido poco vistos; he pintado máquinas de coser, tijeras, herramientas…

Y la urna funeraria de Carlos Monsiváis…

Bueno, hay un gato ahí, pero me refería a que he pintado herramientas tal cual. Yo no creo que eso sea transgresor.

Existe un gran número de volúmenes ilustrados por Francisco Toledo, entre los que destacan el Manual de zoología fantástica (FCE, 1957) de Jorge Luis Borges, Informe para una academia de Franz Kafka (2010) y la serie “Fábulas de Esopo”, después convertida en el libro intitulado Esopo (2014), acompañada por una traducción del griego a cuatro variantes del zapoteco, en la que colaboró su hija, la poeta Natalia Toledo.

Sin embargo, algunos de los trabajos llaman la atención especialmente por su irreverencia, desenfado y un acre sentido del humor.

Los cuadernos de la mierda, integrado por 27 tomos, con mil 745 imágenes de seres que defecan, entre peces, calacas, patos, hombres, mujeres, demonios, perros, caballos y penes-caca, y el proyecto Pinocho, una serie juguetona y nada infantil de 55 obras inspiradas en la versión original de Carlo Lorenzini (pseudónimo de Carlo Collodi), respecto a la cual el poeta Francisco Hernández escribió en el libro correspondiente, editado por Conaculta en 2012: Nadie como Toledo para imaginar “al muñeco devorando tres bolas de helado que parecen tres senos refrescantes y dulces”. Cabe apuntar que ambas series fueron entregadas por el artista juchiteco a la colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Sumado a lo anterior, los lectores-espectadores podrán encontrar en cualquier librería Francisco Toledo para adultos (Conaculta, 2014), donde el prologuista Naief Yehya aporta sus reflexiones en torno a una serie en la que el prolífico creador interviene fotos de revistas eróticas y pornográficas con una diversidad de técnicas para recrear su propio “porno bestiario fantástico”. Al respecto, el ensayista radicado en Nueva York, explica:

“La geografía epidérmica y la tectónica de la carne exhiben, entre sus pliegues, aves, reptiles, monos, cebras, elefantes, murciélagos y peces. Así, Toledo transforma el sexo-espectáculo en circo orgiástico y orgásmico; en un Mictlán sintético donde osamentas voraces lamen falos erectos, muertos vivientes y vivos desfallecientes se entregan a la petite mort.”

Líneas más adelante, nos ubica en el contexto: “La inspiración de la obra de Toledo proviene de un universo pagano, prehispánico, infantil y cercano a los cultos de la tierra, pero adquiere relevancia y se vuelve transgresor en el contexto de la tradición cristiana y en la tradición de la ruptura modernista”.

De ahí, quizás ?aunque nunca se sabrá del todo?, que el propio artista no identifique a la “transgresión” como una constante en su obra.

¿Los animales siguen apareciendo en su trabajo reciente?

Pues sí y no. Actualmente estoy haciendo trabajos en cerámica con el tema de Ayotzinapa, en los que hay calaveras, tumbas y cuerdas… Tampoco es algo nuevo, porque ya he hecho cuerdas, pero esta vez tienen características de objetos de tortura.

¿Estas piezas serán parte de una serie?

Sí, estoy trabajando en el Taller Canela del maestro Claudio Jerónimo López en el Centro de las Artes de San Agustín. Son cerámicas en alta temperatura y quisiera hacer una exposición con ellas. Casi todas las piezas van a ser rojas, que es un color que he usado poco en la cerámica. Casi nunca lo he hecho, pero ahora sí, porque tiene que ver con la sangre. En fin, ya veremos al final cómo quedan, si en la exposición incluyo sólo estas con el tema de Ayotzinapa o si meteré otras cosas.

Usted es un artista que constantemente explora las posibilidades plásticas y volumétricas de los elementos. ¿Qué le atraen más los materiales o las texturas?

Todo es una sola cosa: color, textura, imágenes, materiales.

Cuando trabaja, ¿cómo sabe que una obra ya está lista? ¿Es mera intuición?

Si supiera… no sé. Tengo dudas, borro, limpio lo que ya hice, destruyo, vuelvo a hacerlo, es muy complicado. A veces dejas a las piezas descansar un rato, luego las vuelves a ver y piensas que tal vez les faltó algo. Nunca sabes. Es difícil saberlo. Bueno, hay gente que sí lo sabe, pero a mí me cuesta mucho trabajo.

ARTE Y DENUNCIA SOCIAL
El pasado 19 de marzo, Francisco Toledo viajó a la Ciudad de México para estar presente en el Museo Memoria y Tolerancia, recinto en el que se presentó una selección de los trabajos que participaron en la Primera Bienal Internacional de Cartel 2014 / Convocatoria por Ayotzinapa, lanzada por él mismo.

La muestra, que incluía 43 papalotes, cada uno con el rostro de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, luego viajó a la capital oaxaqueña para exhibirse en el IAGO.

Además de formar parte de la actual temática de su obra, ¿qué reflexión hace sobre los hechos ocurridos en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014? ¿Qué se puede hacer?

No sé qué otra cosa habría que hacer más que protestar para que todo el mundo se entere de esta infamia y no olvidar lo que pasó, aunque luego los políticos digan que hay que darle vuelta a la página. Creo que eso difícilmente sucederá.

Pese a que la sociedad está tomando una posición más activa que en 1968, ¿considera que acontecimientos como este pueden diluirse o llegar a ser olvidados con el paso del tiempo, como tantas otras injusticias que ha soportado este país?

El 68 no se ha olvidado, se recuerda cada mes de octubre. Pero, claro, eso no es suficiente porque no se castigó a nadie. No sé qué tanto hayan cambiado las cosas de entonces hasta ahora, pero quizás algún día se pueda llevar a una corte a los responsables de lo que pasó en Ayotzinapa.

¿Se puede ejercer presión, en alguna medida, en virtud de la presencia internacional que usted y su obra tienen?

La presencia internacional es muy poca y además es una cuestión política que no creo que un artista vaya a poder cambiar. Pero, de todos modos, es como sentir que cumples haciendo algo con ese malestar con el que vives por lo que les pasó a esos 43 muchachos. Ese es el sentir de muchos ciudadanos, por lo que considero que hay que expresarse para que eso se castigue y no vuelva a suceder.

UNA FORMA DE CONCIENCIA SOCIAL
Francisco Toledo no sólo ha sido reconocido como artista de altos vuelos sino también como luchador social, ambientalista, promotor cultural, activista y filántropo.

Gracias al interés y su participación en calidad de director del Patronato Pro-Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural (Pro-Oax), hoy en día se encuentran abiertos al público monumentos históricos restaurados y centros culturales tales como el IAGO; el Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, la Biblioteca Francisco de Burgoa y el Jardín Etnobotánico; el Taller Arte Papel Oaxaca, Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), la Biblioteca para Invidentes Jorge Luis Borges, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), el Cine Club El Pochote, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, la Fonoteca Eduardo Mata. Sin contar con las publicaciones de libros bajo el sello Ediciones Toledo y la aparición, en su momento, de las revistas Guchachi’ Reza (Iguana rajada) y Alcaraván.

¿Qué valor le atribuye al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el cual recientemente ha donado al Estado mexicano?

El IAGO es un lugar de reunión donde se lee y se intercambian ideas. Ha sido benéfico para Oaxaca. Es la más antigua de todas las instituciones por las que hemos trabajado y considero que ha cumplido su función. El valor que tiene es que cualquiera puede venir a consultar libros sobre arte, arquitectura y diseño. El muchacho que ganó la Bienal de Cartel de la Convocatoria por Ayotzinapa [Irwin Homero Carreño Garnica] es oaxaqueño. Nosotros no intervinimos en la premiación; el jurado lo decidió allá en México. Su trabajo es resultado de alguien que ha frecuentado este espacio, ha aprendido y lo ha hecho bien. Eso nos da algo de satisfacción, ya que la institución ha cumplido dándole a la gente la información que necesita. Eso es muy importante.

¿De dónde le viene ese interés por retribuir al estado de Oaxaca y, en especial a su gente, instituciones relacionadas con la cultura y el arte? ¿Es una herencia materna? ¿Una inquietud social?

Lo que pasa es que crecimos con muchas carencias, en Oaxaca no había bibliotecas, museos ni galerías…

Pero cualquier otro se enriquece con el producto de su trabajo artístico y ya no le interesa devolver nada. ¿Esta es una intención que le viene por la cultura en la que se desenvolvió?

Bueno, yo tampoco juzgo a los que no invierten su dinero… Pero no sé por qué, no sé qué cosa haya hecho que yo quiera participar en la sociedad. No sé ?reitera ante la falta de explicaciones y profiere un suspiro?. Tamayo donó un museo. En su momento, también está lo que hizo Vasconcelos; él es otro oaxaqueño que se preocupó por hacer cosas: crear bibliotecas, editar a los clásicos, impulsar la pintura mural y cambiar la cultura de México. A lo mejor son esos los ejemplos que he seguido inconscientemente. Eso es todo ?remata antes de dar por concluida la entrevista, días antes de cumplir su 75 aniversario.

Publicada originalmente en la Revista de la Universidad en Julio de 2015